lunes, 26 de enero de 2015

Nuestra alumna Jana Ugaz: "Europa y las Américas: tendiendo puentes culturales"

Fotografía de Benjamin Sueno






María Alejandra Ugaz Vasquez, alumna de nuestro Máster Universitario en Gestión Cultural, participó en diciembre del 2014 en el encuentro celebrado en Bruselas sobre la Cultura en Relaciones Externas y Diplomacia Cultural organizado por ENCATC. A su vuelta, Jana ha querido compartir con todos nosotros su experiencia e impresiones en la amplia reseña informativa que aquí nos ofrece.




Fotografía: Benjamin Sueno


By Jana Ugaz | 21 de enero de 2015 

El pasado 8 y 9 de diciembre fui invitada a Bruselas -Bélgica- para participar en la academia en Cultura en Relaciones Externas y Diplomacia Cultural (enfocada en las Américas), organizada por ENCATC, una organización sin fines de lucro fundada en 1992 que representa y reúne a más de 100 instituciones educativas y culturales de 40 países alrededor del mundo. Esta entidad programa y ofrece regularmente espacios de discusión e intercambio para enriquecer el conocimiento, compartir metodologías, y aprender de las experiencias dentro del sector cultural para fomentar una mejor administración y política cultural.

En el referido evento, fuimos 42 participantes de 17 nacionalidades diferentes, de diversas edades y profesiones, quienes durante dos días discutimos sobre la cooperación cultural entre Europa y las Américas, el branding cultural y el rol que ocupa la cultura y la educación en las relaciones internacionales. También se presentó una rueda de buenas prácticas en el tema, con énfasis en las oportunidades que existen para el intercambio internacional y financiamiento de agentes culturales entre América Latina y Norte América o Europa.

Como suele suceder después de los debates realmente buenos, regresé a Barcelona con más preguntas que respuestas, pero con una idea mucho más clara sobre dónde y con quiénes animarme a buscarlas. Como es usual, el primer día cada participante se presentó frente al grupo. Diplomáticos, políticos, directores de museos, empresarios culturales, profesores, estudiantes de doctorado, en fin, ya empezaba a sentirme yo muy intimidada por estar recién en el proceso de obtener mi máster (y además siendo una de las más jóvenes del grupo) hasta que llegó mi turno y a todos parecieron abrírseles los ojos cuando dije: “Hola, me llamo Jana Ugaz, tengo 24 años, soy pintora, estoy haciendo un Máster Universitario en Gestión Cultural en la Universitat Internacional de Catalunya y vengo de Perú.” 

¡¡¡¿Perú?!!!

Claro, el evento estaba enfocado en las Américas, pero la sala estaba llena de europeos y norteamericanos. Yo era la única representante de Sudamérica, algo que yo -y al parecer nadie- esperaba, pero que definitivamente hizo aún más interesante la academia. Escuchar desde un punto de vista europeo lo que se pensaba de países como el mío, y en términos de relaciones internacionales cuáles eran los problemas u obstáculos que consideraban más importantes, qué beneficios contemplaban, qué les interesaba o no, etc. Verdaderamente fue una experiencia diferente y muy enriquecedora. 

Es interesante la distancia, lo desconocido, porque se suele olvidar que siempre se da por partida doble; muy pendientes todos de mis intervenciones o en las conversaciones durante los breaks, pero creo que nadie notó que yo estaba igualmente impresionada por tener sentada al lado a alguien de Lituania, Malta o Irlanda. 


Fue aquella exclusividad lo que en definitiva marcó mi experiencia. Desde la primera presentación en la que la Dr. Carla Figueira, Directora del Máster en Política Cultural en Goldsmith y una de las organizadoras del evento, nos introdujo a los temas a tratarse durante la academia y algunos conceptos básicos y datos importantes sobre la relación entre Europa y las Américas. Se habló sobre la obvia relación histórica; desde los viajes de Colón, la conquista, el legado religioso y del idioma, hasta la creciente tendencia migratoria desde América Latina hacia Europa y las nuevas dinámicas económicas que existen entre ambos continentes.




La crisis, esta palabra que ya parece haber perdido significado de tanto escucharla, ha obligado a Europa a mirar hacia otros lados, abrir más sus puertas y si se me permite decirlo, asumir una nueva actitud de humildad. Ejemplo de ello fue que se destacaran al Papa Francisco (Argentina) y al Presidente José Mujica (Uruguay) como figuras importantes sobre las cuales, expusieron, Europa tendría mucho que aprender en temas morales y valores culturales. Claro, esto desde mi punto de vista no parecía ser muy representativo, no hay que olvidar que por esos días México estaba de luto por la “desaparición” de 43 estudiantes, y me sorprendí aún más con esta idea que parecía generalizada entre los asistentes, con una frase en particular: “Durante siglos, históricamente (refiriéndose a la conquista) Europa ha intentado imponer sus códigos morales o modelos económicos y políticos en América Latina, pero creo que el tiempo nos está enseñando que tenemos mucho que aprender de sus culturas, me parece que ha llegado el momento en que el intercambio realmente sea un intercambio”. 


¡Y por supuesto! América Latina, con todos sus sabores diferentes tiene tanto, pero tanto que ofrecerle al mundo que hice un gran esfuerzo (grandísimo) y olvidé por un momento la frustración, la política, la “crisis” (que para nosotros no se llama crisis sino pobreza), la falta de ciudadanía y el desaprovechamiento cultural y contesté: "¡Sí, claro, ya era hora!".

Es importante compartir, entonces, las trabas que hay en el camino para que se produzca un intercambio auténtico. Independientemente del sector, del tema, o del país particular, se expuso, y estoy de acuerdo, que uno de los problemas principales es la falta de institucionalización y apoyo por parte de los gobiernos al sector cultural en general. Las iniciativas europeas terminan tratando con organizaciones o fundaciones, con el ciudadano y no a través del gobierno, lo cual pensando en la política cultural de mi país (o la falta de) y la corrupción, cáncer de América Latina, pienso que está muy bien, que mejor así. Pero claro, idealmente, el gobierno sí que debería no solo estar implicado, pero promover, facilitar e incentivar el intercambio.

Otro desafío importante y que se nombró más de una vez, es el complicado y engorroso proceso de aplicar para una visa europea. Y es que es obvio, si lo que se desea es el intercambio, los artistas, los agentes culturales deben poder viajar. 

Y como se citó a Joan Channick (Theater Communications Group) en una de las presentaciones: “Hay una diferencia fundamental entre la posición oficial de diplomacia cultural, en donde la cultura es considerada una simple herramienta, o peor, un arma- y la posición que toman los artistas. Los artistas se comprometen con el intercambio cultural no para promover sus propios valores, sino para comprender diferentes culturas, y encontrar nuevas fuentes de inspiración, descubrir nuevos métodos de trabajo, etc. No buscan influenciar, sino ser influenciados. Escuchen a los artistas que descubren nuevos valores, respeto mutuo y comprensión dentro de lo diferente. Ellos son los verdaderos diplomáticos”. 


De la rueda de buenas prácticas destaco el trabajo de Marie Le Sourd, representante de On the Move, plataforma virtual que recoge e informa sobre las diferentes oportunidades de movilidad cultural a nivel internacional. Su trabajo es claro, sencillo y eficaz. Sin embargo, reconoció durante su presentación que no han logrado trabajar aún con ningún país de América Latina y que es uno de los retos que esperan asumir próximamente. Al conversar con ella y preguntarle por qué les costaba tanto establecer esa relación, comentó que no había sido por falta de intención, sino que no lograban encontrar una base de datos o un organismo oficial que reúna a los diferentes agentes o instituciones culturales para así poder establecer un contacto. Es como buscar a ciegas, sin saber a quién tocarle la puerta. Qué gran verdad, y aquí solo puedo hablar por mi país aunque intuyo que sucede igual en los países vecinos; si no podemos compartir lo que funciona y lo que no, si no medimos el impacto que tiene la cultura en nuestra sociedad, si es que entre (los cada vez más) agentes culturales no nos conocemos, y por ello, no construimos una relación de cooperación, ¿Cómo esperamos avanzar, mejorar, crecer en el sector cultural si no sabemos lo que existe?

Queda aún mucho camino por recorrer, y en Lima en particular, me temo que confiar en una gestión municipal eficiente es cada vez más difícil. Sin embargo, aquí otra gran verdad y diferencia mayúscula entre el modelo europeo y el sudamericano que aprendí de la academia y el tiempo que llevo en Barcelona: No podemos depender del gobierno. No solo no podemos, no deberíamos. Al reconocernos como ciudadanos, enfatizamos en nuestros derechos, pero solemos olvidar nuestros deberes. Las iniciativas, la preocupación, la búsqueda, debe salir de nosotros, somos igual de responsables. Las oportunidades y el potencial abundan, he constatado que el interés para la inversión y cooperación entre estos dos continentes existe, de este lado del mundo tenemos mucho que aprender sobre ello. Dejemos ya de ser espectadores, seamos protagonistas.

Como ya dije, volví a Barcelona, con más preguntas que respuestas, pero en definitiva con ganas, con muchas ganas y con la confirmación de que el campo de gestión cultural se hace cada vez más relevante. A partir de eventos como el organizado por ENCATC, una cosa queda clara: la cooperación y el desarrollo cultural están en nuestras manos.