Cristina Osorno Mesa, Alumni del máster universitario de Gestión Cultural de UIC Barcelona, de la promoción 2003-2004, fue reconocida en 2023 por la Embajada de Colombia en Madrid como una de las “10 Colombianas Destacadas en España”. Actualmente trabaja como gestora cultural en la Fundación Casa Amèrica Catalunya, liderando el Área de Literatura y Teatro. En esta entrevista nos habla de su trayectoria, del rol del gestor cultural y del impacto de la cultura como herramienta social.
¿Qué te llevó a dar el paso hacia la gestión cultural y a realizar, en 2003, el máster en UIC Barcelona?
Cuando trabajaba en promoción de la lectura, ya diseñaba eventos culturales, pero al acercarme a las instituciones para presentarlos y gestionarlos, me enfrentaba a importantes carencias. Fue entonces cuando descubrí el concepto de la gestión cultural, aún incipiente en aquel momento, y comprendí que necesitaba una formación sólida para afrontar con mayor solvencia la dimensión más estratégica y organizativa de mi trabajo.
También anhelaba la experiencia de conocer el mundo, porque para mí el desarrollo cultural no es posible sin ampliar los horizontes mentales. Este tipo de estudios ofrecía la oportunidad de acercarme a otras culturas. Por cercanía cultural y lingüística, decidí mudarme a España. Investigando, encontré la Universitat Internacional de Catalunya, y que el máster se impartiera en español terminó de convencerme. La ciudad, muy activa culturalmente, con una fuerte tradición literaria y librera, y profundos vínculos con América Latina, me resultaba especialmente atractiva. Barcelona, gran escenario de la cultura, ciudad cosmopolita y puente con Europa, era el lugar ideal.
¿Qué te aportó esa experiencia académica y personal?
Muchísimo. Las herramientas teóricas y prácticas del máster fueron fundamentales para desarrollar habilidades como la visión estratégica, la sensibilidad artística y el compromiso con la diversidad. Además, la heterogeneidad del grupo enriquecía cada conversación y cada proyecto; esa variedad de perspectivas se convirtió, sin duda, en uno de los mayores aprendizajes.
¿Qué te llevó a formar parte del equipo de la Fundación Casa Amèrica Catalunya?
Con mi formación en literatura y lengua, especializada en teatro y promoción de la lectura, tenía claro desde el principio que quería orientar mi carrera hacia las artes escénicas y la literatura. Durante el máster realicé mis prácticas en Focus, y al finalizar pasé a formar parte del equipo de programación cultural del Consulado General de Colombia en Barcelona. Allí trabajé en varios proyectos que me permitieron aplicar los conocimientos adquiridos en el máster. Gracias a esta primera experiencia en el ámbito cultural consular, tuve contacto con la Fundación Casa Amèrica Catalunya. Poco a poco, comencé a colaborar en algunos proyectos y, finalmente, me incorporé de manera definitiva al Área de Literatura y Teatro de la Fundación.
¿Cuál es la misión cultural de la Fundación Casa América?
Casa Amèrica Catalunya es una fundación dedicada a la difusión de la cultura latinoamericana y al fortalecimiento de los lazos históricos que unen al pueblo catalán con los pueblos de América Latina. Para ello, desarrollamos una programación amplia y diversa que incluye exposiciones, conciertos, proyecciones de cine, debates, actividades literarias, representaciones teatrales y la entrega de reconocimientos como el Premio a la Libertad de Expresión en Iberoamérica, el Premio Joan Alsina o el Premio Km. 13774.
Toda esta actividad se enmarca en unos valores fundamentales que definen la identidad de la Fundación: la cultura entendida como herramienta de encuentro, paz, igualdad, diversidad y respeto por los derechos humanos.
Para cumplir estos objetivos, colaboramos estrechamente con distintos actores culturales e institucionales, como los consulados en la ciudad, el Ajuntament de Barcelona, la Generalitat de Catalunya y la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID).
¿Cómo es tu día a día como responsable del Área de Literatura y Teatro?
Estoy a cargo de la programación literaria y teatral, tanto en lo que respecta a la definición de las líneas estratégicas anuales como en el trabajo cotidiano de búsqueda, curaduría y desarrollo de proyectos. Siempre procuramos vincular nuestras propuestas con los grandes eventos culturales de la ciudad, lo que nos permite mantenernos actualizados y en diálogo constante con el entorno.
Mi día a día es muy diverso, en parte porque nuestro equipo es muy pequeño y el área de literatura y teatro la gestiono de forma individual. Eso implica que, además del trabajo más creativo, también asumo tareas logísticas y administrativas: desde buscar contactos, presentar proyectos y diseñar actividades, hasta asegurar que todo funcione correctamente en la ejecución. Incluso, en ocasiones, he intervenido en la dramaturgia de alguna obra o llegado a dirigirla, ya que tengo formación en ese ámbito.
Es un trabajo que abarca muchos frentes. Si tuviera que resumirlo en una frase, diría que el gestor cultural hace de todo.
¿Cómo se equilibra la vocación iberoamericana de la Fundación con su contexto local en Cataluña?
Trabajamos en lo local con la convicción de que, sin un arraigo regional, no sería posible construir una verdadera visión iberoamericana. Estoy convencida de que las macropolíticas culturales no pueden desvincularse de las realidades concretas de cada territorio. Por eso, nuestra labor se centra en lo “micro”: conectar personas, historias y problemáticas específicas con aquello que nos inspira profundamente: la añoranza de nuestras raíces, el sentido de pertenencia compartido más allá de las fronteras y el respeto por la diversidad cultural.
Hay un mensaje que consideramos fundamental y que guía nuestro trabajo: la cultura como herramienta transformadora y de acercamiento entre pueblos.
Si bien los gestores culturales no diseñamos las grandes políticas públicas, sí jugamos un papel clave al identificar hacia dónde se orientan y cómo, desde nuestras actividades, podemos reforzarlas, complementarlas o incluso aportar nuevas perspectivas. En este sentido, gestión cultural y liderazgo están estrechamente ligados. Quienes trabajamos en este ámbito asumimos una gran responsabilidad: al programar, no solo organizamos contenidos, sino que transmitimos mensajes, respaldamos valores y promovemos formas de pensar y de actuar.
¿Qué habilidades y cualidades personales consideras esenciales en un gestor cultural?
Cuando ocupamos puestos de responsabilidad, especialmente desde una perspectiva de liderazgo, es fundamental mantener el equilibrio en muchos niveles.
En nuestro caso, trabajando con múltiples disciplinas artísticas y con la diversidad de países latinoamericanos, resulta esencial encontrar un balance geográfico. América Latina es vasta, y a menudo hay una representación más constante de países con tradición cultural consolidada, como Argentina, México, Colombia o Chile. Sin embargo, también es importante dar visibilidad a países como Panamá, Bolivia, República Dominicana o algunos de Centroamérica, donde factores como la desigualdad o la violencia dificultan la producción y circulación cultural, especialmente hacia este lado del Atlántico.
Este equilibrio no solo debe darse en lo geográfico, sino también en lo narrativo. Es necesario encontrar armonía entre el activismo cultural -porque hay realidades que no podemos ignorar- y la capacidad de contar historias inspiradoras, que transmitan esperanza y belleza, y no solo denuncia.
Por supuesto, una buena formación académica contribuye enormemente a desarrollar estas capacidades. Las herramientas que ofrece un máster en gestión cultural son parte esencial del conjunto de habilidades de todo gestor: criterio, sensibilidad, visión estratégica y, sobre todo, compromiso con la diversidad y la complejidad del hecho cultural.
¿Qué consejo le darías a quienes se están formando ahora como gestores culturales?
Les animaría, sobre todo, a poner un pie en la calle y contrastar los conocimientos que reciben en el aula con la realidad. La mejor forma de hacerlo es siendo un consumidor activo de cultura. Para mí, eso es lo más importante porque para poder programar cultura, primero hay que vivirla. Recomiendo asistir a la mayor cantidad posible de actividades culturales en la ciudad, sin dejar de ser selectivo, y conectar lo aprendido en clase con lo que ocurre fuera de ella. Sin duda, es el mejor consejo que puedo ofrecerles.






