Federica Matelli se ha sumado a la plantilla de profesores del Máster Universitario en Gestión Cultural de la Universitat Internacional de Catalunya durante este curso académico 2024-2025, para impartir la asignatura “Sociedad y Cultura en el siglo XXI”. Licenciada en Filosofía por la Universidad de Pisa y doctora en Historia y Teoría del Arte desde 2017, Matelli ha desarrollado una destacada trayectoria investigadora, publicando artículos y participando en proyectos de gran relevancia académica.
Además, en paralelo, ha consolidado una carrera como curadora de Arte contemporáneo, que ha dado lugar a interesantes exposiciones y eventos. Su experiencia confirma que la formación teórica universitaria no solo es compatible con la gestión cultural, sino que resulta fundamental para ejercerla de manera efectiva.
En esta entrevista, Matelli comparte su experiencia durante el primer trimestre del curso académico en UIC Barcelona y reflexiona sobre la importancia de vincular los conocimientos teóricos con la praxis de la actividad curatorial.
Federica, ¿qué te llevó a realizar tu tesis sobre Estética y Teoría del Arte e iniciar así un nuevo camino de aprendizaje desde un planteamiento más teórico?
Desde mis estudios de grado en Filosofía siempre tuve un interés especial por todo lo que tenía que ver con el arte. En 2004, cuando terminé la carrera, se estaba gestando una discusión sobre las nuevas formas de telecomunicación y sobre cómo las obras artísticas podrían adaptarse a estos nuevos soportes digitales. A raíz de un primer trabajo de investigación que realicé sobre prácticas como el Net.art o el videoarte, tratadas desde un enfoque interdisciplinar en su dimensión más filosófica, pude comprobar que el campo de la teoría sigue siendo un terreno fértil para la enseñanza y el aprendizaje de las artes. Además, yo tenía la vista puesta en la labor de comisariado de arte que había empezado a ejercer tímidamente en Barcelona durante los años posteriores a mi graduación y estaba al tanto de la conveniencia de poseer unos conocimientos asentados sobre aquellas cuestiones que podían ser útiles para el desempeño del puesto.
Con todo esto, tuve la suerte de emprender mi tesis doctoral “Nuevas perspectivas para lo cotidiano en el arte contemporáneo. Del marco textual al especulativo (1980-2024)” bajo la dirección de una historiadora del arte de la talla de Ana María Guasch, con la que he seguido colaborando en proyectos y grupos de investigación como es el caso de VIGEO y del grupo Arte, Globalización e Interculturalidad. En todo este tiempo, he orientado mi producción a tratar de documentar un cambio teórico en la interpretación de las obras artísticas con elementos de la vida cotidiana, sintetizando las tendencias y planteamientos críticos que se han ido sucediendo desde las vanguardias del siglo XX hasta nuestros días.
Muchas veces, los artistas y algunos críticos de arte se pierden en definiciones inexactas, conceptos escurridizos e ideas desordenadas que entorpecen la comprensión de una obra. ¿Consideras que es importante tener una formación humanística sólida que sirva para reforzar las bases teóricas de todo lo que ocurre dentro del marco de la actualidad cultural?
Desde luego, así lo demuestra mi experiencia. Tiene que ver con la mirada con la que observamos y contemplamos la obra de arte. El arte contemporáneo es un laboratorio de pensamiento y, por tanto, no se puede desvincular de la reflexión filosófica, si bien es cierto que los tiempos de la razón pura ya quedaron atrás —”la metafísica ha muerto”— y hoy en día no podemos hablar de unos estudios teóricos que no vayan de la mano de la sociología, la economía y otras disciplinas humanísticas aplicadas a la actividad cotidiana. En este sentido, el campo de investigación en Teoría del Arte escapa a los límites metodológicos de otras ciencias más normativas que no permiten tanta agilidad como la que exigen unos estudios de Sociedad y Cultura actuales y modernos; aunque eso no quiere decir que no sea fundamental tener unas bases asentadas que ordenen el discurso racional sobre el arte.
Para un gestor cultural es muy importante conocer el arte contemporáneo a la luz de toda esta literatura especulativa y científica, desde la filosofía o la sociología. La práctica curatorial también es teórica en tanto que el curador tiene que crear un marco para dar sentido y coherencia al arte que gestiona. De hecho, el trabajo de gestor cultural implica una labor de transferencia del conocimiento para que un público lo más amplio posible alcance a entender la obra de arte y, para ello, es imprescindible partir de una mirada que vaya más allá de lo superficial.
La formación de los alumnos que has encontrado en el Máster Universitario de Gestión Cultural de UIC Barcelona es muy diversa. ¿Consideras que esta variedad en un aspecto positivo? ¿Cómo puede una asignatura como “Sociedad y Cultura en el siglo XXI” ser útil para estudiantes con bagajes teóricos tan distintos?
Efectivamente, muchas veces toca lidiar con la falta de costumbre de algunos alumnos con formación técnica que encuentran mayor dificultad en la lectura de textos filosóficos o en el razonamiento abstracto de algunas teorías artísticas. Sin embargo, no hay que perder de vista que la asignatura se imparte en un trimestre y, por lo tanto, las exigencias del aprendizaje teórico no deben superar las posibilidades y expectativas de ningún alumno, ya tenga o no ese background académico que, en otras circunstancias, sí podría crear una ventaja. Tampoco es el objetivo del programa lectivo de la asignatura profundizar en las teorías, sino ofrecer un panorama de todas las tendencias de pensamiento de la sociedad a la que un determinado proyecto tiene que responder.
En el aula hay personas con formación en derecho, arquitectura, filología, bellas artes, finanzas, etc., y cada una puede tener aspiraciones laborales muy distintas dentro del ámbito de la gestión cultural. Algunos querrán ocuparse de la parte puramente de gestión y podrían pensar que en su carrera profesional no les va a hacer faltar tener al menos unas nociones teóricas sobre las tendencias y planteamientos que se enseñan en la asignatura, pero lo cierto es que todo proyecto cultural ha de partir necesariamente de un marco conceptual que todos los integrantes de un equipo deben comprender para dar coherencia a su trabajo. Estamos rodeados de discursos y conocer el significado de los objetos artísticos es reconocer su valor en la sociedad a la que se presentan.
Por último, Federica, eres italiana y, como tú, muchos estudiantes de este Máster llegan a Barcelona desde otros países. ¿El arte y, por extensión, la cultura en todos sus ámbitos están preparados parra convivir con los procesos de globalización?
Yo pienso que sí, definitivamente. El arte contemporáneo es un sistema que ya desde su nacimiento, o al menos a partir del pop, se presenta como un dispositivo de comunicación internacional. Antes se hablaba mucho de esta red internacional que, en realidad, estaba reducida a solamente una parte del mundo, pero desde la década de los 80 lo cierto es que los márgenes han ido ampliándose hacia un mundo cada vez más global en el que el arte, por supuesto, juega un papel vital. Aunque cada territorio mantiene una mirada y una estética propias, el sistema que se ha creado en torno al arte contemporáneo, desde el concepto de lo glocal (local y global), asegura unos mismos temas y un marco común que posibilita la hibridación de las distintas realidades culturales de cada territorio del mundo. De esta manera, en paralelo a la dimensión mercantil de la globalización, el arte contemporáneo plantea una alternativa mucho menos agresiva en este proceso de marcha hacia un mundo cada vez más interconectado.
Incluso, más allá de la producción de los artistas, el mismo sistema del que se vale la cultura, las ferias, las bienales y todos los eventos que se articulan en torno al arte hoy en día tienen formatos parecidos y son una prueba indiscutible de este microcosmos que es la cultura global. En este sentido, el Máster Universitario en Gestión Cultural de la UIC es uno de estos espacios de hibridación que, desde el plano formativo, facilita un intercambio comunitario esencial para cualquier actividad relacionada con las prácticas culturales en la actualidad.






