Darío Herrero Bilbao, de 25 años y originario de Castro Urdiales (Cantabria), llegó a Barcelona en 2021 para cursar el máster universitario de Gestión Cultural de la Universitat Internacional de Catalunya. A raíz de su experiencia durante ese año, decidió establecerse en la ciudad y continuar en Barcelona su experiencia laboral.
Estudiaste la carrera de Grado en Turismo, ¿Qué te llevó a ampliar tu formación en el ámbito de la gestión cultural?
Efectivamente, estudié el Grado en Turismo en la Universidad de León, una carrera que me atrajo por su versatilidad y por la variedad de salidas profesionales que ofrece. En cuarto curso tuve la opción de especializarme en Patrimonio Cultural, Gestión de Espacios Naturales o Gestión Hotelera. Me decidí por Patrimonio Cultural, y dentro de esa especialización, cursé una asignatura de Gestión Cultural.
Gracias a una profesora que además de enseñar ejercía como gestora cultural, empecé a interesarme por este campo. Su experiencia y forma de enseñar despertaron en mí la curiosidad por conocer más sobre el mundo profesional de la gestión cultural. Así que, al terminar la carrera, decidí seguir formándome y comencé a buscar un máster que encajara con mis intereses.
Siendo de otra región de España, ¿Cómo acabaste en Barcelona, en la Universitat Internacional de Catalunya?
La verdad es que elegir universidad fue tanto fácil como difícil. Fácil porque tenía claro que quería estudiar un máster oficial – es decir, un máster universitario reconocido -, y eso redujo bastante la oferta. Per también fue difícil porque no quería equivocarme con una decisión tan importante. Finalmente, opté por el Máster Universitario en Gestión Cultural de UIC Barcelona, en parte por el plan de estudios pero también por motivos personales y familiares que me acercaban a la ciudad.
Gracias a haberme mudado a Barcelona, hoy trabajo en una empresa de gestión de personal para eventos del mundo audiovisual llamada Artlogic Crew Spain. Nos encargamos de coordinar las peticiones de clientes que buscan personal técnico y auxiliar para ferias, congresos y eventos. Trabajamos mucho con espacios como la Fira de Barcelona, y con algunos de los principales hoteles de la ciudad, como el Hotel Arts, el Hotel W o el Hilton, entre otros. Además, no solo operamos en Barcelona, sino que también tenemos presencia en ciudades como Madrid, Valencia, Tarragona y Málaga, e incluso en otros países como Austria, Alemania, Bélgica, Países Bajos o Francia.
¿Contemplabas la posibilidad de orientar la gestión cultural hacia un enfoque más empresarial?
La verdad es que no fue algo que tuviera planeado desde el principio. Entré en la empresa por motivos ajenos a lo profesional, como auxiliar en estos eventos, un puesto para el que no se requería experiencia ni formación previa. Sin embargo, al cabo de unos meses me ofrecieron incorporarme al equipo fijo de la oficina, con tareas más centradas en la gestión. Eso supuso un cambio importante, no solo en el enfoque de mi trabajo, sino también en las condiciones laborales, que eran mucho más favorables.
En pocos años has ido ascendiendo de posición. ¿Cómo ha sido ese camino? ¿Qué virtudes destacarías a la hora de consolidarse en una empresa y afrontar el futuro?
Lo cierto es que la evolución ha sido muy rápida e incluso inesperada. Las razones son varias: principalmente mi ascenso vino dado por la necesidad de cubrir una vacante, pero lo cierto es que, una vez asumí las nuevas responsabilidades, creo sinceramente que las desempeñé de forma acertada. La confianza, la cercanía y la lealtad han sido claves en este proceso, tanto por parte de la empresa como por la mía. Ellos confiaron en mí, y yo respondí con compromiso y resultados.
Reconozco que me cuesta valorar mi propio trabajo. Suelo ser bastante humilde en este sentido. Pero también es cierto que me he esforzado mucho, he trabajado con dedicación y, con el tiempo, la recompensa ha llegado. Aun así, soy muy consciente de que todavía queda mucho camino por recorrer. Cada día se presenta un reto nuevo, una situación distinta, y eso precisamente lo que me motiva a seguir creciendo.
Aunque desde fuera pueda parecer un trabajo monótono, en realidad ningún proyecto es igual a otro. Siempre cambian las características, las localizaciones, los horarios y las necesidades son distintas. Nuestro trabajo va más allá de seleccionar y asignar personal: se trata de aportar valor al servicio a través del trato con los trabajadores, la colaboración entre compañeros y la relación diaria con el cliente. Al final, todo gira en torno a entender y responder a las necesidades específicas de cada proyecto.
¿Cómo fue la experiencia de prácticas? ¿Qué papel crees que tienen los profesores en la formación laboral que ofrece el máster?
Me costó bastante decidir dónde realizar las prácticas curriculares, ya que no encontraba una opción que realmente me motivara o que sintiera que iba aprovechar durante el tiempo de la estancia. Finalmente, a través de una compañera que me invitó a unirme, acabé haciendo las prácticas en Transit Projectes, la empresa dirigida por el profesor Àngel Mestres.
La experiencia fue muy positiva, ya que me permitió conocer de cerca una de las muchas caras de la gestión cultural. No estuve como tal en el área de gestión, sino en Planta Uno, un laboratorio de experimentación cultural, junto con mi compañera de la titulación. Aunque aprendí mucho y valoro la oportunidad, me di cuenta de que ese enfoque tan disruptivo y experimental no encajaba del todo con mi visión del sector, como para dedicar mi futuro en ello. Personalmente, me siento más identificado con una gestión cultural más aplicada al día a día. Aún así, el ambiente fue muy bueno y el trato excelente, así que la experiencia en general fue muy enriquecedora.
En cuanto al profesorado del máster, creo que hace un esfuerzo por ofrecer una visión realista del mundo laboral en el ámbito de la gestión cultural. Aquí, gran parte de las oportunidades laborales en gestión cultural están vinculadas a la administración pública, lo que implica un alto dominio del catalán. Para quienes venimos de fuera de Cataluña, esa barrera idiomática es un obstáculo importante. En mi caso, me vi limitado a la hora de acceder a ciertos puestos por no dominar el idioma y en varias entrevistas fui descartado por ese motivo. Esa fue, de hecho, una de las razones por las que acabé optando por el trabajo que desempeño actualmente.
¿Qué te sugiere el binomio: “Recursos Humanos y Gestión Cultural”? ¿Cómo entiendes tú la gestión de personas?
Creo que cuando escuchamos “Recursos Humanos”, solemos pensar en la gestión de personas; y cuando oímos “Gestión Cultural”, lo asociamos rápidamente a museos, teatros o centros culturales. Sin embargo, la realidad es mucho más amplia. La gestión cultural abarca una gran variedad de iniciativas: desde un pequeño evento en una plaza, una proyección de cine en una sala o una exposición, hasta grandes espectáculos en espacios emblemáticos. Todo eso es cultura, y todo requiere de una gestión operativa en la que los Recursos Humanos juegan un papel fundamental.
La gestión cultural no se entiende sin los recursos humanos. La planificación de equipos, la coordinación del personal, la formación, las condiciones laborales, la seguridad o el cumplimiento normativo son aspectos esenciales que atraviesan cualquier proyecto cultural, por modesto o ambicioso que sea.
Desde mi punto de vista, gestionar personas no significa simplemente asignar tareas o ubicaciones. Es, sobre todo, saber detectar necesidades, resolver problemas y, muchas veces, simplemente estar ahí para escuchar. También implica acompañar, formar y motivar a los equipos, ya sea en cuestiones de prevención de riesgos laborales, liderazgo o habilidades interpersonales.
Para mi, lo más gratificante de esta labor es el contacto humano, tanto con los trabajadores como con los clientes. Pero ese mismo contacto puede suponer un reto: empatizar demasiado puede dificultar la toma de decisiones o hacer más complejo identificar insatisfacciones cuando hay una relación cercana. Por eso, es fundamental saber marcar límites, no tomarse lo profesional como algo personal y mantener siempre una actitud equilibrada.
Al final, cada persona en una organización tiene un rol, unas funciones y unas responsabilidades que debe cumplir. Y parte de la gestión consiste en garantizar que eso ocurra en un entorno saludable, eficiente y justo para todos.






