Hiuwai Chu se ha incorporado en el curso académico 2024-2025 al equipo docente del Máster Universitario en Gestión Cultural de la Universitat Internacional de Catalunya, labor que compagina actualmente con su puesto como Jefa de Exposición en el Museu d’Art Contemporani de Catalunya (MACBA). En la entrevista realizada para el blog de la titulación, Hiuwai comparte su visión sobre diversos temas, como el modelo de gestión museística, el ecosistema del arte contemporáneo en la ciudad y su experiencia como profesora en esta titulación oficial.
¿Cómo describirías el camino que te ha traído a Barcelona para trabajar en un museo como el MACBA?
La verdad es que mi trayectoria profesional no ha sido precisamente convencional. Nací en China y, cuando tenía cinco años, emigré con mi familia a Nueva York, donde crecí tanto a nivel personal como académico. Estudié antropología, aunque siempre sentí una vocación latente por las artes visuales; que quizás empezó a manifestarse durante mi primer empleo en una editorial donde trabajé con material fotográfico.
Este primer contacto con el mundo visual me permitió adentrarme en el mercado laboral cuando llegué a Barcelona a través de una galería de fotografía que existía entonces. Y poco después empecé a trabajar como curadora adjunta y coordinadora de exposiciones en el Museu d’Art Contemporani de Catalunya (MACBA), cubriendo una baja de maternidad. Puedo decir que tuve la suerte de estar en el lugar adecuado en el momento justo, ya que habitualmente los procesos de selección en instituciones públicas suelen ser más complejos y exigen una experiencia mayor de la que yo tenía entonces.
Desde hace tres años soy la responsable del departamento, lo que implica supervisar todos los proyectos expositivos. Aun así, continúo comisariando algunas exposiciones, algo que me sigue apasionando. Me siento muy agradecida de que este crecimiento profesional se haya dado de una manera tan natural y orgánica.
¿Cómo viviste el cambio de ciudad al llegar a Barcelona? ¿Notaste muchas diferencias con respecto a Nueva York?
Lo que me atrajo de Barcelona fue que, sin ser una ciudad excesivamente grande, tiene un aire internacional y un componente mediterráneo que me interesaba mucho. No obstante, no me fue fácil integrarme. A veces tengo la sensación de que el entorno aquí puede ser algo endogámico. Las personas suelen tener sus círculos sociales muy consolidados, y lo mismo ocurre en el ámbito laboral. Sin embargo, una vez que logras entrar, la acogida es muy cálida. Pero dar ese primer paso no siempre es sencillo.
Por otra parte, trabajar en el MACBA me ha permitido mantener una perspectiva global, ya que el museo realiza numerosas colaboraciones internacionales. En ese sentido, siento que tengo lo mejor de ambos mundos porque, al mismo tiempo que el museo se ha posicionado como un espacio de referencia internacional, conserva aquellos rasgos identitarios que lo identifican como una institución arraigada en el territorio. Por ejemplo, para poder trabajar en el museo, tuve que superar un examen de catalán y, aunque me costó algo más que el español, ahora lo entiendo y hablo sin problema.
¿Cuál es el modelo de gestión del MACBA?
El MACBA es un museo público que opera como consorcio, integrado por cuatro entidades principales: el Ayuntamiento de Barcelona, la Generalitat de Catalunya, el Ministerio de Cultura y la Fundación MACBA.
La Fundación no contribuye a los costes operativos del museo, sino que se encarga del fundraising, es decir, de recaudar fondos destinados principalmente a la adquisición de obras. Todo lo que implica el funcionamiento diario del museo se cubre con fondos públicos y los ingresos propios generados por la venta de entradas, el alquiler de espacios o proyectos como las itinerancias y coproducciones.
¿Cómo se traduce eso en el trabajo del día a día?
Todo se vuelve más lento. Al tratarse de una institución pública, la carga burocrática es considerablemente mayor que en el sector privado. Hay muchísimo papeleo y, siendo honesta, puede resultar bastante tedioso.
Fue uno de los cambios más significativos respecto a mi experiencia en Estados Unidos. He trabajado tanto en entidades privadas como en organizaciones sin ánimo de lucro allí, y el nivel de tramitación administrativa era mucho menor.
A veces la terminología y los códigos del arte contemporáneo resultan muy complejos para el público general ¿Cómo se gestiona eso desde el sector?
Es cierto que muchas personas se acercan al arte contemporáneo con cierto prejuicio o con una sensación de incomprensión. Yo creo que el arte es una lente para observar el mundo; una forma de entender nuestra realidad a través de un lenguaje poético, visual, sensorial o experiencial. Puede llegar a cualquier persona, pero requiere una cierta disposición por parte del público.
Ahora bien, también es cierto que no existe una semántica visual fija. Los artistas trabajan en un campo muy libre y abierto, sin códigos estrictos. A partir de los años 60, el concepto comenzó a adquirir una relevancia mayor, dando lugar al arte conceptual, donde la idea es más importante que el objeto en sí. Esto supuso una cierta desmaterialización del arte. Más allá de la falta de significados cerrados, lo que encontramos es una ausencia de significantes fijos.
¿Y cómo se transmite todo eso al público desde la curaduría?
Tanto artistas como curadores somos narradores. Los artistas construyen relatos a través de sus obras, pero al montar una exposición también se genera un discurso, que no siempre es evidente.
Para que una exposición funcione debe tener distintos niveles de lectura. No todo el mundo debe salir con la misma información. Lo importante es que la experiencia provoque algo: una reflexión, una nueva perspectiva, una emoción. Toda obra y toda exposición deberían ser provocadoras, invitarnos a pensar. Si el espectador sigue teniendo curiosidad, a medida que se sumerja en la ella, podrá ir descubriendo más capas de sentido, tanto sobre la obra como sobre sí mismo.
¿Cuál dirías que es la parte más bonita de tu profesión?
Aunque hay muchos mundos dentro del arte —el mercado, las bienales, los espacios independientes— en todos ellos lo más valioso son las relaciones humanas. Por supuesto, el arte en sí mismo, pero también el proceso: la planificación, los viajes, el trato con los artistas y los galeristas… Todo ello hace que este trabajo esté en constante movimiento. Cada proyecto te abre puertas a nuevas realidades, personas y aprendizajes.
Eso sí, conviene no idealizar demasiado. Existe una dimensión social —las inauguraciones, las celebraciones— que se suele asociar con el glamour de esta profesión, pero la realidad lo que vemos es que muchos artistas viven en condiciones de precariedad, incluso aquellos con reconocimiento o presencia en el mercado secundario. Por eso es importante tener cuidado con la imagen que a veces se proyecta.
¿Qué valoración haces de estos tres últimos años como jefa de exposiciones?
Un cargo como este implica asumir muchas más responsabilidades de las que ya tenía como curadora adjunta: requiere una visión mucho más global y estratégica, así como una atención más amplia hacia los demás departamentos.
Algo que he aprendido —y que puedo corroborar al cien por cien— es que la gestión de personas es mucho más compleja que la gestión de los proyectos. Saber delegar, en definitiva, es lo más importante.
En cuanto al Máster Universitario en Gestión Cultural, este es el primer año que impartes la asignatura Gestión y Comisariado de Exposiciones Artísticas y Bienes Patrimoniales ¿Cómo ha sido tu experiencia en UIC Barcelona?
Ya había dado clases sueltas en varias universidades, pero esta es la primera vez que llevo una asignatura completa, y la verdad es que no tiene nada que ver. El hecho de poder hacer un seguimiento con los mismos alumnos, compartir la experiencia día a día y aprender de todos los estudiantes está siendo una maravilla. Creo firmemente que la clase necesita del diálogo entre el profesor y el alumnado. Es muy gratificante escuchar vuestros comentarios y recibir esa retroalimentación, sobre todo viniendo de un grupo tan diverso, en el que cada persona tiene un background diferente y puede aportar sus conocimientos en historia, literatura, finanzas, música, etc. Creo que eso es lo bonito: es un campo totalmente multidisciplinar.






