José M. Sanchis Perales es profesor de la asignatura de Gestión de las Artes Escénicas en el Máster Universitario en Gestión Cultural de UIC Barcelona y productor en L’Auditori. Licenciado en Derecho y con estudios de posgrado en Relaciones Internacionales y Diplomacia, ha desarrollado su trayectoria como gestor cultural y docente. En esta entrevista reflexiona sobre su recorrido profesional, los retos de la producción musical y el papel del público en las artes escénicas.
¿Cuál fue tu primer gran encuentro con las artes escénicas y el mundo de la música, ese momento en el que pensaste “este es mi mundo”? ¿Cómo se fue construyendo ese camino?
Empecé mi trayectoria con una licenciatura en Derecho, con un intercambio Erasmus en Francia, y después cursé un posgrado en Diplomacia y Relaciones Internacionales. Mi intención era trabajar en diplomacia cultural, pero al volver a Barcelona estaba abierto a cualquier oportunidad. Siempre había admirado el CCCB, así que empecé allí, ya que su enfoque en la cultura contemporánea conectaba con mis estudios. Más tarde me incorporé a L’Auditori. En sus inicios, buscaban perfiles versátiles y el hecho de hablar varios idiomas —español, catalán, italiano, inglés y francés— me permitió colaborar en tareas de coordinación. Empecé en producción técnica y, con el tiempo, me he ido moviendo entre la producción técnica y la artística.
Como productor del L’Auditori, y en concreto de la Orquesta Sinfónica de Barcelona, ¿cómo es el día a día de alguien que debe coordinar a cientos de músicos y grandes equipos técnicos?
No hay dos días iguales: puede haber ensayos, conciertos, gestión de entradas y listas de invitados, organización de viajes o coordinación de horarios de grabación. A esto se suman reuniones con equipos técnicos y artísticos, resolución de imprevistos de última hora y una constante coordinación entre departamentos para asegurar que todo funcione correctamente. Es un trabajo muy dinámico que exige capacidad de anticipación, flexibilidad y una comunicación fluida con muchas personas a la vez.
En el contexto de giras internacionales frente a producciones locales, ¿cuáles son los principales retos logísticos al trasladar una orquesta sinfónica? ¿Y en qué medida influye el contexto cultural en la organización y en la respuesta del público?
Una gira es siempre un gran reto, ya que implica desplazar a más de 100 personas entre músicos y equipo técnico. Además, siempre pueden surgir imprevistos, desde problemas de salud hasta incidencias en los desplazamientos, como retrasos o cancelaciones de vuelos.
La organización también varía significativamente según el país: en Japón todo está muy estructurado pero es poco flexible; Alemania presenta una organización algo menos rígida, aunque mantiene cierta inflexibilidad; y Francia, en cambio, es menos estructurada, pero mucho más flexible. Al final, todo depende de la capacidad del equipo local para colaborar, adaptarse e improvisar cuando es necesario.
En las producciones locales, el equipo es más reducido, pero a menudo no se les otorga la relevancia que merecen, pese a que su nivel de complejidad puede ser similar al de una producción internacional.
Hoy se habla mucho de la experiencia del público. ¿Qué papel tiene la audiencia y qué pueden aprender de ella los gestores culturales?
Asisto a todos los conciertos porque la perspectiva del espectador es fundamental. El público no es pasivo: tiene un papel activo en la experiencia. No basta con saber qué le gusta, sino entender cómo captar su atención y cuidar todo el recorrido, desde la compra de la entrada hasta después del espectáculo.
La experiencia de usuario es clave: que el proceso de compra sea sencillo, que el acceso al espacio sea claro, que todo fluya sin fricciones. En el fondo, todo lo que hacemos tiene sentido por y para el público. A veces nos centramos tanto en la producción que olvidamos ese propósito.
El feedback, además, puede integrarse sin comprometer la visión artística. Por ejemplo, hemos incorporado información como la duración del espectáculo antes de empezar. En casos más complejos, como propuestas controvertidas, preferimos no alterar la obra, sino generar espacios de diálogo posteriores que ayuden a contextualizarla y enriquecer la experiencia del espectador.
Anualmente organizáis el ciclo de conciertos “Clàssica a la Platja”, que tiene como objetivo acercar la música clásica con conciertos gratuitos al aire libre, las noches de verano, en la playa de San Sebastià para 20.000 personas ¿Se trata de una estrategia de retorno social o de democratización del acceso a la cultura?
Es, ante todo, una estrategia de visibilidad. L’Auditori, como equipamiento financiado con fondos públicos, ya trabaja durante todo el año con una política de precios pensada para facilitar el acceso al mayor número posible de personas. Este tipo de iniciativas no sustituyen ese esfuerzo, pero sí lo complementan, ampliando el alcance y reforzando el vínculo con la ciudadanía.
Desde tu experiencia, ¿qué habilidades o enfoques consideras menos valorados en la gestión de proyectos culturales?
Tener muy claro para qué haces un proyecto. A veces se pone mucho el foco en el “qué” o en el “cómo”, pero se olvida el propósito. Si un proyecto se plantea únicamente desde una motivación personal, quizá conviene replantearlo desde el inicio.
¿Por qué consideras importante el conocimiento de las artes escénicas en la formación de un gestor cultural? ¿Y qué ha supuesto para ti acompañar a estudiantes en prácticas?
Para ser un buen gestor cultural es fundamental exponerse a todo: conciertos, teatro, circo, exposiciones, literatura… Muchas habilidades son transferibles, y cuanto más ves o lees, más aprendes.
Trabajar con estudiantes en prácticas implica también aprender de esa diversidad de perfiles y de sus formas de aproximarse al trabajo. Es un proceso enriquecedor en ambas direcciones, que obliga a repensar metodologías y a acompañar su desarrollo profesional desde la experiencia.
Pensando en el futuro, ¿qué cambios te gustaría ver en la forma en la que las instituciones culturales se relacionan con los artistas y con las nuevas generaciones de gestores culturales?
Las instituciones deberían mostrarse más abiertas a incorporar personas sin experiencia y a estudiantes en prácticas.
Es fundamental dedicar tiempo a la próxima generación y ofrecer oportunidades reales.
Para terminar, si tuvieras que resumir tu filosofía docente en una sola frase, ¿cuál sería?
Las relaciones humanas son esenciales. Somos personas que trabajamos con personas.






